He conducido el BMW M5 2024 tanto con carrocería de tipo berlina como familiar por carreteras de todo tipo. No he recorrido un número suficiente de kilómetros como para tener una idea completa del coche, ya que las combinaciones posibles de ajuste del chasis y del sistema de impulsión son enormes. Lo que sí tengo claro, y lo que considero la idea principal de este texto, es que BMW ha logrado hacer un M5 más satisfactorio que sus predecesores cuando se usa con normalidad y, probablemente, también sea más fácil de conducir cuando se intenta exprimir su potencia.
El BMW M5 2024 permite un uso tranquilo, casi como cualquier otro Serie 5 menos potente. Se desplaza con suavidad en maniobras y gana velocidad de forma progresiva (al menos en modo Comfort), incluso cuando la batería se ha agotado y no es posible continuar en modo eléctrico. La suspensión trata a los ocupantes mejor de lo que quizá uno espera de un deportivo de este calibre. Tras rodar un rato a un ritmo calmado, uno casi olvida que está al volante del segundo modelo más potente de BMW y uno de los tres más deportivos de su gama, debido a lo fácil y hasta silencioso que resulta su conducción al ritmo del tráfico habitual. Esa docilidad y facilidad no estaban presentes en los BMW M5 de generaciones anteriores, al menos no en esta medida.
Lo que más me ha sorprendido del M5 2024 es que no se percibe que su masa supera las dos toneladas y media (de hecho, pesa más que el BMW i5). Es reseñable cómo BMW ha afinado el chasis para que se sienta tan estable en vías rápidas y tan ágil en curvas lentas.
Hasta ahora, no he conducido el M5 a un ritmo extremadamente rápido. En un uso relativamente normal me ha parecido tan preciso y fácil de llevar que es complicado hacerse una idea de su peso real y de sus dimensiones. Este coche se puede disfrutar a casi cualquier ritmo. No es necesario ser un experto al volante ni circular a alta velocidad para notar que el tacto de la dirección es excelente, que el coche transmite con claridad los apoyos en las curvas y que permite frenar tarde y acelerar temprano. En otros BMW M5 de generaciones anteriores, he llegado a tener la sensación de que algunas carreteras se quedaban pequeñas debido a una combinación de la elevada potencia y la dificultad de conducción, especialmente evidente en los modelos de tracción trasera.
Todas estas sensaciones las he experimentado con un ajuste del chasis casi siempre conservador, donde prima la facilidad de conducción sobre la radicalidad. Evidentemente, si se seleccionan los reglajes más extremos (incluso desconectando el eje delantero), probablemente el M5 se convierta en un vehículo extremadamente rápido pero también muy exigente, que permitirá al conductor complicarse la vida y ponerse a prueba como piloto.
La potencia del M5 es elevada, pero casi pasa a un segundo plano. Cuando se pisa a fondo el acelerador, se percibe un empuje fuerte e intenso, similar al de muchos coches eléctricos de altas prestaciones (generalmente más baratos). Lo que diferencia al M5 de esos eléctricos es un sonido emocionante que emana de su motor V8 de gasolina a medida que sube de régimen. Dado que he pasado poco tiempo al volante de este coche, aún no he tenido la oportunidad de comprobar, por ejemplo, la autonomía en modo eléctrico o si las prestaciones se ven muy afectadas cuando la batería está agotada. De todo esto informaremos tan pronto como podamos conducir este M5 el tiempo que merece para obtener conclusiones más precisas.