El Volkswagen Golf funciona muy bien en ciudad, en carretera y en autopista. No le he encontrado fallos relevantes y, como es habitual en los productos de este fabricante, no tiene peculiaridades que requieran un tiempo largo para adaptarse a ellas.
En ciudad se agradece que su tamaño sea contenido, tanto a lo largo (4,28 metros) como a lo ancho (1,79 metros). Un Ford Focus, por ejemplo, es 11,0 y 3,6 centímetros más largo y ancho. Un Opel Astra también es más largo y ancho (9,2 y 7,1 cm respectivamente). Y lo mismo sucede con el Peugeot 308 (ficha comparativa).
Desde el puesto de conducción se ve bien lo que sucede en los alrededores y es fácil calcular dónde se hallan los límites de la carrocería. Los pilares tienen un grosor normal y no son un obstáculo importante para maniobrar y acceder a cruces y rotondas. La cámara trasera es de serie; en opción hay disponible un sistema de visión periférica que es interesante porque ayuda a moverse con más facilidad en lugares con poco espacio (además, la calidad de las cámaras es buena).
La dirección se mueve con poco esfuerzo y hay algo más de 2,5 vueltas de volante de un tope al otro. La suspensión tiene un ajuste firme y es progresiva en su labor de absorber los impactos de las ruedas, por lo que los badenes y rotos de la carretera llegan bien amortiguados al interior. Un Citroën C4 es más confortable de suspensión, sobre todo antes baches amplios, pero también es más torpe y lento de movimientos.
No tiene la agilidad en curva de un Mazda3, un Ford Focus y un Peugeot 308, pero tampoco se echa en falta ese extra para un uso normal y cotidiano. Ni siquiera para ir moderadamente rápido en un tramo de montaña. El Golf es estable, preciso y reacciona con seguridad cuando se le fuerza. Los frenos tienen buena potencia y una resistencia al calentamiento normal. La maniobra de esquiva la superó a 77 km/h (hay un intento a 80 km/h que también podríamos haber dado por bueno; vídeo) con una moderada sobrerrotación en el segundo pasillo de conos que nos facilitó completar el ejercicio.
La conducción del Golf a ritmo de autopista es agradable por el buen aislamiento del ruido y de los baches. La suspensión además logra que el Golf ruede con aplomo y seguridad. El programador de velocidad activo funciona correctamente guardando la distancia, pero como ocurre con muchos de estos sistemas, es algo lento de reacción acelerando cuando nos cambiamos de carril para adelantar. El sistema de mantenimiento en el carril tiene las limitaciones de los sistemas actuales de este tipo: si el trazado es recto o casi recto consigue que el coche no se salga, pero a poco que haya una curva ligeramente cerrada no podrá evitar que nos salgamos de las líneas.
He probado la versión 1.5 eTSI, que tiene un motor de cuatro cilindros de 116 CV y un cambio automático DSG. Este motor reemplaza al 1.0 eTSI de 110 CV, que tenía tres cilindros y un litro de cilindrada. El 1.0 eTSI de 110 CV era un buen motor por suavidad de funcionamiento y prestaciones. El 1.5 eTSI no supone un avance sensible en calidad ni nivel de ruido, tampoco en prestaciones. De acuerdo con nuestras mediciones, el Golf 1.5 eTSI 116 CV acelera igual de rápido de 40 a 80 km/h que el Golf 1.0 eTSI 110 CV (4,5 s) y es tan solo dos décimas más veloz en el paso de 80 a 120 km/h (7,5 s frente a 7,7). Sea como fuere, es un motor que permite moverse diligentemente en cualquier circunstancia. La situación en la que es posible que los más fogosos echen en falta más brío, es en adelantamientos en carreteras con un carril por sentido.
En la prueba de consumo de autopista (descripción de esta), el Volkswagen Golf 1.5 eTSI 116 CV gastó 6,2 l/100 km, 0,5 más que el Golf 1.0 eTSI 110 CV. Fuera de esta prueba, la media ha estado moviéndose en torno a esa cifra. El cambio de motor no ha sido beneficioso a este respecto, no obstante, las diferencias nunca han sido superiores a esos 0,5 l/100 km, por lo que el consumo de carburante es contenido.