No hay sorpresas. El Clase C eléctrico posee las cualidades que se esperan de una berlina eléctrica de Mercedes-Benz: comodidad, suavidad, refinamiento y solidez. El aislamiento acústico es bueno, pero no extraordinario (a velocidad de autopista, hay un poco más de ruido aerodinámico del que me gustaría).
Lo he probado en Finlandia, un país con una orografía llana, unos límites de velocidad bajos y unas carreteras infestadas de radares. En un escenario así, no hay manera de sacar provecho a las prestaciones de un C 400 4MATIC sin jugártela a recibir una multa gorda.
En España, que tiene más accidentes geográficos y pendientes más exigentes, habrá más ocasiones para hundir el pedal del acelerador, pero tampoco me imagino un escenario en el que de verdad hagan falta los 489 CV que tiene este coche. En definitiva, esta versión del C eléctrico es muy rápida.
Afortunadamente, tiene un chasis a la altura de sus prestaciones. En las dos vueltas que dimos a un circuito «muy técnico», pudimos comprobar sus buenas reacciones dinámicas en curva. La unidad que llevé iba equipada con suspensión neumática y dirección en las ruedas posteriores. Con esa dotación, el Clase C eléctrico gira con más agilidad de la que un coche de casi tres metros de batalla y 2,5 toneladas hace pensar en un principio. Engaña muy bien al conductor haciéndole creer que va en algo más pequeño y liviano.
El tacto del pedal del freno está bien logrado. Enseguida uno se habitúa a la resistencia de su recorrido (una resistencia lineal, sin cambios de dureza) y no hay problema en ejecutar detenciones suaves. La frenada regenerativa se puede ajustar mediante las levas que hay tras el volante o mediante la palanca de la transmisión (también detrás del volante). Hay cuatro niveles: D- (modo pedal único), D, D+ (prácticamente retención nula) y Auto.
Los recorridos que hice por los alrededores de Helsinki no sirven para valorar bien el consumo de energía del coche. No obstante, tengo la impresión de que es un vehículo eficiente, aunque no de manera extraordinaria. No tanto, al menos, como un Tesla Model 3.
